DENNYS MATOS.

 

Fernando Suárez: Miradas y mimesis de la...

Fernando Suárez: Miradas y mimesis de la escultura.

 

Al minimalismo escultórico se debe una nueva concepción de la escultura. Un desbordamiento de las categorías vanguardista (esencia formal y autor) con las que hasta ese momento había trabajado en su horizonte de expectativas la anterior versión abstracta expresionista de la escultura. Escultores como Donald Judd y Carl André a mediado de los 60 y principio de los 70 cuestionan, en una dirección, los paradigmas morfológicos y discursivos al ejecutar la inserción de objetos  (tubos fluorescentes, ladrillos, cubos de cristal etc.) del mundo de vida dentro de la esfera artística. En la otra, renunciaban al pedestal como morfología definitoria del acontecer escultórico para privilegiar, en su lugar, a los emplazamientos espacio-temporales. En este sentido el minimalismo, contrapone concepción y percepción al hacer depender la interpretación de la obra de un espacio, de un tiempo y de unos cuerpos particulares.

 

Una vuelta de tuerca a estas transgresiones la protagonizan en la década de los 80 la llamada escultura de bienes de consumo de autores como Jeff Koons y Haiman Steinbach introduciendo en sus exposiciones, cercana a la postura ideo-estética de Duchamp, objetos de la artesanía y electrodoméstico(1). Cuando todo parecía indicar que la escultura abandonaba la imagen para sumergirse en las equivalencia del signo-mercancía o la pureza analítica del minimal, irrumpe con fuerza otra vez el antropomorfismo a mediados de los noventa con los trabajos de Jake y Dinos Chapman, Stephan Balkenhol o Ron Mueck, entre otros. Estos, desde actitudes posconceptuales,  revitalizan dentro de sus propuestas las formas expresionistas y los contenidos discursivos más transgresores de la escultura actual.

El cuerpo de obra escultórica que presenta Fernando Suárez en esta exposición está atravesado por una diversidad de contenidos ideo-estéticos.

 

Por una parte, destaca la presencia clara de figuras antropomórficas con aspecto realista, pero de aura fantástica y un tanto heroica, siempre en postura de movimiento. Tanto obras como Títeres, Piscina en hierro, como Vertical en acero y Acróbatas, entre otras, remiten a una galería de personajes salidos del mundo de la historieta, el comic y las películas de ciencia ficción de Hollywood. Este rosario de figuras forma parte ya de un imaginario anclado en la cultura popular, contenidos por los cuales el autor muestra un evidente interés. Hecho que, curiosamente, contrasta con  el material de hierro desnudo y las formas neo expresionista que trazan los rasgos de estos personajes.

 

Por la otra parte, en obras como Mecong, Doble- transito, Barco, En construcción o Transito circular BR,  Suárez se ve atraído por un mundo más exóticos como son los elementos arquitectónicos y de otra índole identificativos de la cultura asiática. Barcos y puentes como formas seductoras en si mismas que, tal vez por el grado de realismo con cierto matiz poético, descubre el intento de aprehender historias diferentes y lejanas, aunque “conocidas” y conectadas instantáneamente a nuestro mundo de vida por las  comunicaciones globales. Aquí el autor se adentra, desde el punto de vista estilístico, en la curiosidad motivada por el detalle de figuras culturales autóctonas que, de alguna manera, describen la particular sensualidad presente en la percepción oriental.

 

La fragilidad, el instinto de equilibrio, la sencilla armonía entre las potencialidades materiales y espirituales con el medio, son proyectadas por estas esculturas como manifestación de la idiosincrasia oriental. Las que se ven paradójicamente reforzados por la rigidez y lo ingrávido del hierro con las que están realizadas.

En esta exposición de Fernando Suárez, puede observarse la distinción entre dos zonas de trabajo dentro de su propuesta. Una línea asociada, en sus horizontes formales, a la figuración de tinte neo expresionista que, sin embargo, en los planteamientos de sus contenidos se sumerge en ámbitos discursivos del pop. Encarnados en este repertorio de prolíficos personajes, donde encontramos títeres, astronautas, acróbatas, saltadores de pértigas etc. La otra línea, viene dada a través de ese interés lúdico por lo exótico, que se traduce en una especie de pastiche posmoderno de imágenes y figuras perteneciente a la cultura oriental.

 

Tanto el empleo de elementos pertenecientes a la cultura popular como la apropiación de imágenes de visos historicistas provenientes de otras culturas, responden al espíritu de la posvanguardia. En convergencia con este espíritu la obra de Suárez niega, por un lado, la autonomía formal de la obra postulado por las vanguardias, puesto que revela, incluso en sus proyección más imaginativamente autorales, su conexión casi immediata con la realidad. Por el otro, se cuestiona las categorías de originalidad y autor, desde el momento en que se acude a archivos de la cultura popular para ser reinterpretados, y las imágenes seriadas por las dimensiones globales alcanzadas por la cultura, se convierten en contenidos de la representación escultórica.

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